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29 de enero de 2021

Bruja Escarlata, Visión y otras chicas del montón

 

Aunque hay cierta sensación de temor en el ambiente respecto a que 2020 quizás solo fuera un tráiler de 2021, hay que admitir que el año nuevo nos ha traído alguna cosa positiva. Los amantes de la ficción superheroica hemos tenido la suerte de que, tras más de un año de sequía desde el estreno de Spider-Man: Lejos de casa en junio de 2019, el Universo Cinematográfico Marvel ha vuelto a ponerse en marcha (sí, también ha pasado nosequé de unas vacunas, pero aquí nos centramos en lo importante). De hecho, algunos podrían llegar a argumentar que la denominación habitual para referirse a este popular cosmos audiovisual basado en la obra de Stan Lee se ha quedado corta, porque ha vuelto a nuestras vidas cambiando de medio.

Para dolor de nuestro corazón cinéfilo, parece que las salas están condenadas a pasar una buena temporada vacías (o, desde luego, menos llenas que antes, que para los grandes estudios viene a ser lo mismo). Cada productora está intentando buscarse la vida como puede: estrenos simultáneos en cines y plataformas, ventas de derechos de exhibición a Netflix, retrasos de fechas hasta el infinito y más allá… Disney ha decidido sacar la artillería pesada y potenciar Disney+ al máximo. Durante los próximos meses, llegarán a la plataforma numerosas series exclusivas de sus marcas más potentes, como Pixar, Star Wars y, claro está, Marvel Studios. En este hilo de Twitter os resumí las claves de su pormenorizado plan para dominar el mundo del entretenimiento, pero el dato más relevante para el tema que nos ocupa es que Marvel se va a atrever con nada más y nada menos que once series. Personajes secundarios de las películas y otros nuevos que conoceremos por primera vez protagonizarán sus propias aventuras en formato doméstico, que estarán interrelacionadas con los futuros estrenos de la compañía en la gran pantalla. Los fans estamos como un alcalde en un centro de salud, queremos que nos pinchen todo lo que tengan en vena.

28 de junio de 2018

Ant-Man y el spanglish



¿Sabéis lo bueno de estar obsesionado con los superhéroes y tener un blog sobre traducción? Que siempre hay algo de lo que hablar. (Y si no lo hubiera, nos lo inventaríamos, que esto es internet). Me apuesto toda mi colección de diccionarios de Enrique Alcaraz a que solo comentar alguna de las últimas polémicas traductológicas relacionadas con el género ya me daría para una entrada entera. ¿Lo intento?

No os voy a mentir, centrarme en el doblaje de Deadpool 2 (2018) es muy tentador. Seguro que atraería a muchos lectores. La primera parte, estrenada en 2016 y con traducción de Darryl Clark y ajuste de Rafael Calvo, fue todo un éxito en este aspecto, llegando incluso a ser finalista en la categoría «Mejor traducción y adaptación para doblaje de película estrenada en cine» en los V Premios ATRAE. La secuela, que cuenta con un nuevo traductor, Pablo Fernández Moriano, sigue manteniendo el nivel y clavando la traslación de los chistes y el registro coloquial. Asimismo, se nota un especial cuidado en conseguir que las referencias al tebeo también funcionen en nuestro idioma y ya sabéis que eso me hace estar más contento que Ryan Reynolds ahora que todos hemos olvidado Linterna Verde (2011). Por desgracia, solo han hecho falta dos decisiones de traducción para eclipsar todas estas virtudes en muchos de los comentarios sobre el doblaje de la cinta: una mención a Enrique Bunbury y la inclusión de una muletilla de Belén Esteban («Yo por mi hija, mato»), que, a priori, desentonan un poco en una comedia cuyo humor se basa en referencias a la cultura americana. Cuando le pregunté por el asunto en Twitter, Pablo se tomó la molestia de redactar un hilo explicando cómo se llegó a estas adaptaciones (la primera fue elección suya, pero la segunda vino del cliente). También podéis oírle hablando de la peli en el programa Gente Despierta de RNE. Se demuestra una vez más que las circunstancias que pueden acabar afectando la obra de un traductor son muy diversas y que una parte muy importante de su trabajo consistirá en ser capaz de justificar de una manera razonable cada una de las estrategias que escoge. Tanta polvareda se ha levantado que hasta la «princesa del pueblo» (espero que solo del suyo) se ha hecho eco de la polémica en Twitter. Parece que los traductores no son los únicos a los que los equipos de marketing les dicen qué hacer…

Aun así, le tengo demasiado cariño a mis diccionarios especializados como para jugármelo todo a esa carta. Es un tema con tirón, sí, pero no deja de ser anecdótico y ya ha sido tratado en numerosos medios. No sé si da para una entrada como Stan Lee manda. ¿No hay alguna otra peli de justicieros encapuchados que se estrene pronto cuyo título en español haya dado que hablar en los mentideros cibernéticos? Eso siempre luce bien en un blog de traducción audiovisual. Ah, ya lo tengo…

14 de octubre de 2017

Guardianes de la intertextualidad


Allá vamos. Otra vez. De nuevo.

Supongo que nos podemos ahorrar el párrafo con las inevitables (y enésimas) disculpas por la errática cadencia de publicación del blog e ir directamente al turrón, ¿verdad? A ver si, aprovechando el empujón de la vuelta al cole, consigo producir nuevas entradas con una mayor regularidad y nos leemos más a menudo, que tengo preparadas un par de sorpresas muy interesantes. Como siempre, me preocupa mucho más la calidad que la cantidad, pero intentaremos que la balanza se equilibre un poco. Gracias por seguir ahí, de todos modos. A ver qué nos depara esta «tercera temporada».

Vaya, pues al final no nos lo hemos ahorrado.

Lo que sí voy a intentar evitar, más que nada porque me parece que quedaría muy pedante, es decir que estos meses de ausencia he estado trabajando en varios proyectos relacionados con la divulgación traductológica que espero que vean la luz pronto. Lo último que quiero es que el lector piense que he incluido unas ciento ochenta y cuatro palabras de relleno antes de ponerme en serio con el tema de la entrada.

Para ir volviéndole a coger el tranquillo a esto de escribir sobre traducción audiovisual, he pensado que lo más sencillo sería volver a centrarme en mi tema fetiche: los superhéroes. (Sí, hoy voy a lo fácil. Volved a leer la primera línea). Creo que sería interesante hacer un pequeño repaso al doblaje de los últimos productos audiovisuales de este género que han llegado a nuestro país y detenernos en ciertos detalles curiosos, a ver si nos hemos perdido algo reseñable. Aunque al inicio del nuevo curso hay que aparentar cierta sensación de novedad, los lectores habituales ya pueden imaginarse que no tardaré en saltar a la piscina de la intertextualidad. Y es que todavía aprieta el calor…

30 de abril de 2017

El retorno de los últimos Jedi

Hace poco tiempo, en una galaxia muy, muy cercana….

En mi cabeza, esa frase parecía una manera ingeniosa de empezar la entrada, pero lo cierto es que resulta algo complicado resumir todo lo que ha sucedido recientemente en mi planeta para introducir este «Episodio XIV» del blog. Los últimos meses han sido bastante moviditos a este lado de la galaxia traductora y no me veo capaz de sintetizarlos usando tres escuetos párrafos flotantes al principio de la película.

A principios de marzo, tuve la suerte de poder colaborar como voluntario en las VIII Jornadas de Doblaje y Subtitulación de la Universidad de Alicante. En este enlace, podéis echarle un ojo a las grabaciones de las ponencias, que contaron con lo más granado de la disciplina y no tuvieron ningún desperdicio. No puedo dejar de agradecerle a la organización que me dejara aportar mi granito de arena y, sobre todo, que trabajaran tan duro para conseguir que el evento tuviera semejante nivel. Además, a mediados de ese mismo mes, se publicó el primer libro que me han dejado traducir, Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie. Aquí tenéis más información sobre este estremecedor informe alrededor de un caso real que bien podría ser considerado el Making a Murderer sueco. También nos hemos pasado varias semanas inmersos en una huelga de actores de doblaje que ha provocado que todo lo relacionado con ciertas series nos suene mal y parece que se avecina otra de guionistas americanos que puede llegar a afectar al sector de la traducción audiovisual a largo plazo. No obstante, un suceso transcendental ha eclipsado a todos estos eventos: ¡tenemos nuevo tráiler de Star Wars!

Hace unos días, el esperadísimo teaser de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) se estrenó en la cada vez más relevante convención de fans de la saga en Orlando. Dos minutos y doce segundos que, como todo buen teaser que se precie, no resuelven demasiados interrogantes, pero que, aparte de para hacernos desear que llegue ya el mes de diciembre, nos sirven de excusa para comentar un par de asuntos sobre la traducción de esta saga galáctica que tan locos nos vuelve a todos.

30 de octubre de 2016

Dóblate tú mismo

¿Conocéis esa sensación tan española de querer que el verano no se acabe nunca? ¿Ese deseo irrefrenable de alargar las vacaciones hasta el infinito y más allá? ¿Esos intentos desesperados de aplazar sine die la vuelta a la rutina típicos de septiembre? Si habéis contestado afirmativamente, os felicito. Eso significa que no sois autónomos. Y que puede que lleguéis a entender por qué se ha retrasado tanto la publicación de esta nueva entrada del blog. Se me ha ido un poco la mano con el paréntesis vacacional, qué le vamos a hacer. Gracias por seguir ahí.

Tranquilos, durante estos meses de ausencia no he dejado de lado mi obsesión por la traducción audiovisual. De hecho, el pasado 27 de septiembre participé en las IV Jornadas del Día del Traductor (TradUA) de la Universidad de Alicante con mi charla Un gran poder conlleva una gran intertextualidad. Abajo os adjunto una fotografía, porque yo tampoco me lo acabo de creer. Como ya os podéis imaginar, me centré uno de mis temas favoritos (y sobre el que ya os he dado la vara un par de veces): la traducción del cine de superhéroes. Las diferencias de traducción entre cómics y películas me sirvieron para explicar por qué la intertextualidad es una propiedad textual tan importante para el traductor audiovisual. Todo aderezado con buen humor y ejemplos sorprendentes. No sé, yo creo que pasamos un rato majo. A ver si podemos repetirlo alguna vez. Por si fuera poco, en el último programa del podcast especializado en cómics 2 Frikis y 1 Murciano me dejaron hablar un ratito sobre todo esto a partir del minuto 01:59:00. Y parecían interesados y todo. Aquí podéis escucharlo.

Sí, acabo de dedicar un párrafo entero a excusarme por no haberme puesto a escribir entradas nuevas antes (y a hacerme algo de autobombo)… pero reconoced que la excusa era buena. Ahora que puedo ver en vuestros ojos que ya me habéis perdonado, es el momento de volver a la normalidad después de estos minutos publicitarios y dar el pistoletazo de salida a la «segunda temporada» del blog. Nos ponemos en marcha descubriendo un aspecto algo curioso del mundo del doblaje antes de volver a nuestros fueros traductológicos en próximas entregas.


Hasta los que somos partidarios de la existencia del doblaje debemos admitir que uno de los argumentos más certeros en su contra es que, por mucho que se esfuerce el encargado de doblar al personaje en español, siempre estaremos condenados a perdernos una parte de la interpretación del actor original: su voz. Afortunadamente, el cine es la industria de los sueños y el único objetivo de Hollywood es convertir nuestros deseos en realidad (o dinero). Bienvenidos al apasionante mundo de las versiones multilingües que mantienen a los mismos actores (léase con un marcado acento británico).

16 de mayo de 2016

La importancia de llamarse Deadpool

Últimamente hay más películas de superhéroes que elecciones. Como aficionado al género, no puedo hacer más que disfrutar del momento y cruzar los dedos por miedo a que esta burbuja de amor por las capas estalle en cualquier instante. Como autor de un blog de traducción audiovisual, no puedo evitar aprovecharme de las circunstancias y colaros una entrada sobre el tema de vez en cuando. En esta ocasión, me he decidido por centrarme en un aspecto que tiene más miga que el mantel del Monstruo de las Galletas: la traducción de los nombres de los superhéroes.

¿Por qué en nuestro país no conocemos a Spiderman como, por ejemplo, el Hombre Arácnido? ¿O a Superman como el Superhombre? ¿O a Iron Man como el Hombre Plancha? En definitiva, ¿por qué los nombres de algunos superhéroes se traducen y los de otros no? Si hubiera que dar una respuesta sencilla, podríamos decir que es a causa de los cómics. Como ya os he contado en alguna ocasión, la intertextualidad resulta transcendental a la hora de doblar este tipo de largometrajes basados en un material previo. Debido a esto, podemos suponer que la traducción vendrá marcada por el nombre por el que son conocidos los personajes en nuestro país gracias a los cómics. Por desgracia, en la traducción audiovisual nunca hay respuestas sencillas. Cada vez son más numerosos los justicieros enmascarados que acaban llamándose de manera diferente en la gran pantalla y en las viñetas. Veamos si un repaso por los últimos estrenos del género nos ayuda a aclarar las ideas (aunque obviaremos Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (2016) por motivos médicos).


Precisamente, uno de los exitazos más inesperados de lo que llevamos de año lo protagoniza un señor en mallas. Estoy hablando de Deadpool (2016), que ha demostrado que el secreto para que no nos cansemos de este tipo de adaptaciones es darle a cada una de ellas el tono particular que le corresponde (es decir, ser fieles en espíritu a los cómics). Contra todo pronóstico, una comedia para mayores de dieciocho deslenguada y bestia con un superhéroe desconocido para el gran público ha batido récords de taquilla por todo el planeta. Aunque, ¿cómo de desconocido era Deadpool en nuestro país? Pues, con ese nombre, bastante. En los cómics españoles, este mercenario bocazas siempre se ha llamado Masacre. De hecho, hace unos años se produjo un videojuego sobre sus aventuras y se mantuvo esta denominación. Es una traducción bastante creativa, para qué engañarnos, pero es la que estaba establecida en España, qué le vamos a hacer. Para compensar, los aficionados a veces nos referimos al personaje con el sobrenombre de «muertopiscinas». 

Sorprende que se realicen modificaciones así en este tipo de películas, en las que se suele cuidar la traducción pensando en los fans (lo que no significa que no haya antecedentes, recordemos que los X-Men eran la Patrulla-X en los cómics). Vale, cabe señalar que la cinta da un origen al nombre en el que el término «masacre» no nos acabaría de encajar, pero no es nada que no se pueda arreglar con un par de alteraciones en el diálogo. Y, además, Javier Pérez Alarcón (@javipalarcon) nos explica en esta charla que el doblaje de la serie animada de Spiderman de los 90 llamó Masacre a un villano del trepamuros que aquí siempre había sido Matanza, pero tampoco creo que eso fuera una razón de peso para que la productora llevara a cabo este cambio. En mi opinión, el hecho de que hablemos de un personaje minoritario (no es, ni de lejos, lo mismo que cambiarle el nombre a Batman) y la popularidad que fue ganando la marca Deadpool en las redes sociales durante los meses previos al estreno tuvieron mucho más que ver. Si fuera un caso aislado, podríamos acostumbrarnos al cambio y hacer como que no ha pasado nada, pero, para desgracia de los aficionados y de la intertextualidad, esto se está convirtiendo en una costumbre.

24 de abril de 2016

Camarero, hay un famoso en mi doblaje

Escuchar una voz conocida puede resultar tranquilizador en según qué ocasiones. Cuando estás solo en un lugar desconocido, cuando te encuentras alejado de tus seres queridos o, sobre todo, cuando estás viendo una película doblada. Al menos, eso parece que creen las productoras. Cada vez es más frecuente que en los doblajes colaboren famosos que no tienen demasiada experiencia en este campo. Especialmente, en las películas de animación. ¿Cómo y por qué se originó esta moda? ¿Cualquier personaje popular puede convertirse en actor de doblaje por obra y gracia del marketing? Y, lo que más nos interesa, ¿su presencia puede llegar a afectar a la traducción de una película? Hagamos un repaso por algunos de los «doblajes VIP» que han llegado a nuestras pantallas e intentemos encontrar respuesta a estos interrogantes. Si no lo logramos, al menos nos habremos codeado con las estrellas durante un rato. Igual hasta conseguimos algún autógrafo y todo.

Empecemos por el principio. Como os podéis imaginar, esto no nos lo inventamos nosotros. En EE. UU. también es habitual que el elenco de voces de las cintas animadas esté compuesto por actores famosos, aunque el proceso es bastante diferente, porque allí habitualmente graban sus líneas antes de que la película esté completa y la animación de los personajes se basa en su actuación. El caso es que no siempre ha sido así, antes eran profesionales del doblaje los que realizaban esta tarea. Sin embargo, el trabajo de Robin Williams como el Genio de Aladdin (1992) marcó un antes y un después. Aquello fue una unión perfecta entre actor y personaje. El Genio acabó convirtiéndose en el elemento más popular de la película. Desde entonces, se empezó a potenciar la inclusión de actores célebres en este tipo de proyectos hasta convertirse en algo habitual.

En Dreamworks Animation son unos auténticos especialistas en la materia. No hay ni una sola de sus producciones en las que no haya al menos media docena de famosos en los papeles principales. Esto supone una ventaja clara a la hora de promocionar sus productos y a los actores no les conlleva mucho esfuerzo, así que todo el mundo gana. Solo hace falta echar un vistazo a las fichas de tres de sus películas al azar en eldoblaje.com para darnos cuenta de que las versiones españolas no se quedan atrás. Comprobemos, por ejemplo, quien se encargó de doblar aquí El espantatiburones (2004), Madagascar (2005) o Vecinos invasores (2006). Aparecen ante nuestros ojos listas interminables de famosos de todo tipo. Algunos nombres ya ni siquiera nos suenan, porque gozaban de una alta popularidad en el momento del estreno y ya han caído en el olvido. Otros ni siquiera son actores. Muy pocos habían participado en doblajes previamente. 

Recordemos que en la versión original los papeles están hechos a la medida del intérprete y suelen basarse en su actuación y su voz. Por tanto, habrá que tener especial cuidado a la hora de buscar la voz española y no inclinarse simplemente por el famoso de moda. Hay que admitir que a veces se da en el clavo y se consigue encontrar a un rostro popular que encaja a la perfección con el personaje. Me vienen a la cabeza los casos de Josema Yuste como el ya mencionado Genio (muy a la altura de Williams), José Mota como el Asno de la saga Shrek o Anabel Alonso como Dory en Buscando a Nemo (2003), cuyas voces siempre se asociarán a estos personajes en nuestro idioma.

19 de febrero de 2016

Títulos absurdos: la leyenda renace

Como ya te hizo saber tu amigo adicto al gimnasio, a finales del mes pasado se estrenó en España Creed (2015). Si no tienes ningún colega vigoréxico y desconocías su existencia, solo te hace falta saber que la película trata sobre un joven que quiere ser boxeador y al que entrena el mismísimo Rocky Balboa (Sylvester Stallone en persona). Vamos, que a pesar de no dar demasiadas pistas en su título, es una secuela en toda regla de las películas de Rocky. El caso es que me llamó la atención que en nuestro país se haya explicitado su relación con la saga traduciendo dicho título como Creed. La leyenda de Rocky. Es un ejemplo perfecto de lo que en traducción se llama creación autónoma (introducir un elemento nuevo que no estaba presente en el original). El motivo de la introducción del subtítulo está claro, se buscaba atraer a los fans del personaje.  No obstante, lo que más me interesó fue el uso de la palabra «leyenda». Me vinieron a la cabeza numerosos ejemplos de títulos traducidos para nuestro país en los que se incluía este vocablo a pesar de no aparecer por ninguna parte en el original. Se ve que Gustavo Adolfo Bécquer fue todo un visionario y a los españoles nos pirran las leyendas, porque no perdemos la oportunidad de poner una en cada título.

Si eres lector habitual del blog, espero no tener que recordarte que los traductores no deciden los títulos definitivos de las películas. Aunque me gustaría añadir que tampoco tienen nada que ver con estos subtítulos legendarios. El traductor puede aportar sugerencias, pero todo esto es fruto de las decisiones de la productora y su equipo de marketing. Por esta razón, vamos a intentar ponernos en su pellejo para intentar razonar estos cambios y buscarles un posible motivo comercial.

Con el objetivo de analizar este extraño fenómeno, he repasado todos aquellos largometrajes con leyendas artificiales en su título traducido y he llegado a la conclusión de que podríamos clasificarlos en tres categorías diferentes, que paso a desgranar a continuación.

8 de enero de 2016

¿Me llamo Bond? La unificación de marca en «Spectre»

A lo largo del 2015, los amantes del cine de espionaje estuvieron de enhorabuena. Desfilaron por la cartelera acercamientos tan diversos a la figura del agente secreto como Kingsman. Servicio secreto, Espías, Operación U.N.C.L.E., Misión imposible: Nación secreta, American Ultra o Anacleto: agente secreto. Todas ellas bastante divertidas y algunas incluso entre lo mejor del año (sí, te estoy mirando a ti, Kingsman). Por si todo esto fuera poco, en noviembre volvió a las andadas el mejor de los espías. ¿El gobierno de los Estados Unidos? No, amigos, me estoy refiriendo a James Bond.

Skyfall (2012) supuso una fusión perfecta entre todo lo que mola del nuevo Bond interpretado por Daniel Craig y todo lo que molaba del Bond más clásico, sazonada con una fotografía exquisita, un Javier Bardem desatado y un temazo de Adele de esos que es imposible no ponerse a cantar a voz en grito con cualquier excusa. Una combinación mejor que cualquier Martini con vodka (aunque sea mezclado, pero no agitado). Después de esta bonita sorpresa, los seguidores de 007 morían por conocer detalles de su siguiente aventura. No tardó mucho en salir a la luz que el director Sam Mendes iba a repetir y, entonces, la pregunta pasó a ser cómo lograría superarse esta vez. Cuando se reveló el título, a los fans de toda la vida no les quedó ninguna duda…


Aunque puede que a algunos de los fans españoles sí.

El título, que se ha mantenido inalterado en nuestro país, no se refiere a ningún ectoplasma (lo sentimos, Iker Jímenez), sino que alude a S.P.E.C.T.R.E., una organización criminal internacional a la que solía enfrentarse James Bond en las películas clásicas. Dicho nombre es un acrónimo en inglés de Special Executive for Counter-intelligence, Terrorism, Revenge and Extortion. Su líder era Ernst Stavro Blofeld, cuya icónica apariencia, que incluía calva, cicatriz en el ojo y gato blanco en el regazo, inspiraría el inolvidable personaje del Dr. Maligno de la saga Austin Powers. Esta organización, que ya aparecía en las novelas de Ian Fleming, ha sido siempre conocida en nuestro país como S.P.E.C.T.R.A. (¡la intertextualidad ataca de nuevo!). El cambio de la última letra se debe principalmente a que el significado que se ha establecido para las siglas en nuestro idioma es: «Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión y Aniquilamiento». Sin embargo, este término no se ha utilizado como título español de la película. Dejemos a un lado cualquier reticencia hacia la elección de la productora (el «daño» ya está hecho) e intentemos dilucidar por qué motivo se inclinaron por esta solución.

4 de diciembre de 2015

Soñando, soñando… titulé patinando


Nunca sé muy bien por dónde empezar, pero supongo que en esta ocasión lo más adecuado sería presentarme. Me llamo Yeray García y soy (o, mejor dicho, intento ser) traductor audiovisual y literario. Me gradué en Traducción e Interpretación en la Universidad de Alicante el pasado junio y actualmente curso a distancia el Máster en Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Como se puede intuir, me pirran el cine y las series de televisión. Y me ha dado por crearme un blog sobre traducción audiovisual. Un traductor con un blog. No suena demasiado original.

Pasemos de puntillas por la cruda realidad de que todo está inventado e intentemos consolarnos pensando que todo se puede hacer de forma diferente. Aquí pretendo hablar sobre traducción de una manera distendida y amena, centrándome en películas y, conociéndome, también en series. Tampoco es mi objetivo que solo pueda ser leído por especialistas en la materia (con la esperanza de que haya alguien más ahí fuera al que le interese el tema), así que intentaré no pasarme con la terminología y que todo sea comprensible. Al final, esto solo es una excusa para hablar de cine y traducción por parte de un tío al que le apasionan ambas materias. Si, además, durante el proceso aprendemos y nos divertimos, podré decir eso de «me encanta que los planes salgan bien». Y, como no se puede aprender a andar sin dar un primer paso, vamos a entrar en materia.

Tratándose de un blog sobre traducción audiovisual, hay un tema que será mejor que nos quitemos de encima cuanto antes: la (a veces disparatada) traducción de los títulos de las películas. Tranquilos, intentaré innovar, prometo no empezar a listar todas las entregas de la saga [Verbo de la 1ª conjugación en imperativo] como puedas, ni sacar a relucir que Soñando, soñando… triunfé patinando en inglés se titulaba simplemente Ice Princess (2005).

El caso es que esos títulos que suenan tan absurdos y alejados del original pueden resultar aceptables en alguna ocasión. Cuando se anunció que la película Hot Fuzz (2007), cuyo título describe de manera coloquial a sus protagonistas como, digamos, «superpolis», sería conocida como Arma fatal en España, les llovieron críticas por todas partes. Puede que no estemos ante una decisión tan desacertada. Recoge ese espíritu de parodia/homenaje al cine de acción que posee el largometraje y es tan deliberadamente cutre como el original. Teniendo en cuenta que Policías polis ya estaba cogido, no es un título tan malo. Por cierto, si no la habéis visto, ya estáis tardando en echarle un ojo (y a toda la obra de su director, Edgar Wright).


Antes de proseguir, es un buen momento para aclarar que, en contra de lo que cree gran parte de la población, el traductor no es el que decide los títulos definitivos. Esa labor le corresponde a la productora. Pese a que un buen traductor debe tener una amplia gama de conocimientos, es probable que entre ellos no se encuentre el dominio del arte del marketing. Ciertos títulos pueden resultar más atractivos para el espectador que otros. La distribuidora no deja de ser un cliente, así que el traductor no puede hacer más que acatar sus exigencias, con la expectativa de que estén argumentadas de una manera convincente. Ya sabéis, el cliente siempre tiene la razón. Y si no, el dinero.