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30 de abril de 2017

El retorno de los últimos Jedi

Hace poco tiempo, en una galaxia muy, muy cercana….

En mi cabeza, esa frase parecía una manera ingeniosa de empezar la entrada, pero lo cierto es que resulta algo complicado resumir todo lo que ha sucedido recientemente en mi planeta para introducir este «Episodio XIV» del blog. Los últimos meses han sido bastante moviditos a este lado de la galaxia traductora y no me veo capaz de sintetizarlos usando tres escuetos párrafos flotantes al principio de la película.

A principios de marzo, tuve la suerte de poder colaborar como voluntario en las VIII Jornadas de Doblaje y Subtitulación de la Universidad de Alicante. En este enlace, podéis echarle un ojo a las grabaciones de las ponencias, que contaron con lo más granado de la disciplina y no tuvieron ningún desperdicio. No puedo dejar de agradecerle a la organización que me dejara aportar mi granito de arena y, sobre todo, que trabajaran tan duro para conseguir que el evento tuviera semejante nivel. Además, a mediados de ese mismo mes, se publicó el primer libro que me han dejado traducir, Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie. Aquí tenéis más información sobre este estremecedor informe alrededor de un caso real que bien podría ser considerado el Making a Murderer sueco. También nos hemos pasado varias semanas inmersos en una huelga de actores de doblaje que ha provocado que todo lo relacionado con ciertas series nos suene mal y parece que se avecina otra de guionistas americanos que puede llegar a afectar al sector de la traducción audiovisual a largo plazo. No obstante, un suceso transcendental ha eclipsado a todos estos eventos: ¡tenemos nuevo tráiler de Star Wars!

Hace unos días, el esperadísimo teaser de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) se estrenó en la cada vez más relevante convención de fans de la saga en Orlando. Dos minutos y doce segundos que, como todo buen teaser que se precie, no resuelven demasiados interrogantes, pero que, aparte de para hacernos desear que llegue ya el mes de diciembre, nos sirven de excusa para comentar un par de asuntos sobre la traducción de esta saga galáctica que tan locos nos vuelve a todos.

28 de febrero de 2017

No me llames Moana, llámame Lola

Las luces vuelven a encenderse, la cámara vuelve a rodar y la traducción vuelve a importar en el único blog que anuncia su vuelta en octubre y no publica una entrada nueva hasta el último día de febrero. No es por excusarme, pero dicen que el tiempo es relativo, ¿no? Y, si alguien sabe de relatividad, esos son los traductores.

Al contrario que en las matemáticas, en traducción es muy difícil que dos más dos sume cuatro. A no ser que se trate de un cuatro muy bien argumentado, claro. Un mismo problema puede tener cientos de soluciones válidas, y aquí lo que importa es saber explicar de una forma convincente por qué te has decidido por una de ellas. Y, claro, ya os podéis imaginar que esto da pie al debate (un pie de, por lo menos, Pau Gasol). De hecho, hoy vamos a hablar de uno de los aspectos más discutidos dentro de esta disciplina: la traducción de los nombres propios. Prometo que, por una vez, esto no es una excusa tonta para volver a hablar de superhéroes. Es una excusa tonta para hablar de Disney.

Por alguna razón que desconozco, se ha extendido entre nosotros la idea de que los nombres propios no se traducen. En realidad, hasta el mismísimo Iker Jiménez tendría problemas para defender esta leyenda urbana. Como ya hemos anunciado, todo dependerá del caso. Pese a que la mayoría de ellos no presentan ningún significado, algunos sí que ofrecen connotaciones que sería ideal conservar en la transferencia a otro idioma. No es lo mismo llamarse «Harry» que «The Dude» o «The Big Lebowski». Es probable que haya que meter mano en aquellos nombres que contengan cierta carga semántica e indiquen alguna información sobre su dueño.


19 de febrero de 2016

Títulos absurdos: la leyenda renace

Como ya te hizo saber tu amigo adicto al gimnasio, a finales del mes pasado se estrenó en España Creed (2015). Si no tienes ningún colega vigoréxico y desconocías su existencia, solo te hace falta saber que la película trata sobre un joven que quiere ser boxeador y al que entrena el mismísimo Rocky Balboa (Sylvester Stallone en persona). Vamos, que a pesar de no dar demasiadas pistas en su título, es una secuela en toda regla de las películas de Rocky. El caso es que me llamó la atención que en nuestro país se haya explicitado su relación con la saga traduciendo dicho título como Creed. La leyenda de Rocky. Es un ejemplo perfecto de lo que en traducción se llama creación autónoma (introducir un elemento nuevo que no estaba presente en el original). El motivo de la introducción del subtítulo está claro, se buscaba atraer a los fans del personaje.  No obstante, lo que más me interesó fue el uso de la palabra «leyenda». Me vinieron a la cabeza numerosos ejemplos de títulos traducidos para nuestro país en los que se incluía este vocablo a pesar de no aparecer por ninguna parte en el original. Se ve que Gustavo Adolfo Bécquer fue todo un visionario y a los españoles nos pirran las leyendas, porque no perdemos la oportunidad de poner una en cada título.

Si eres lector habitual del blog, espero no tener que recordarte que los traductores no deciden los títulos definitivos de las películas. Aunque me gustaría añadir que tampoco tienen nada que ver con estos subtítulos legendarios. El traductor puede aportar sugerencias, pero todo esto es fruto de las decisiones de la productora y su equipo de marketing. Por esta razón, vamos a intentar ponernos en su pellejo para intentar razonar estos cambios y buscarles un posible motivo comercial.

Con el objetivo de analizar este extraño fenómeno, he repasado todos aquellos largometrajes con leyendas artificiales en su título traducido y he llegado a la conclusión de que podríamos clasificarlos en tres categorías diferentes, que paso a desgranar a continuación.

8 de enero de 2016

¿Me llamo Bond? La unificación de marca en «Spectre»

A lo largo del 2015, los amantes del cine de espionaje estuvieron de enhorabuena. Desfilaron por la cartelera acercamientos tan diversos a la figura del agente secreto como Kingsman. Servicio secreto, Espías, Operación U.N.C.L.E., Misión imposible: Nación secreta, American Ultra o Anacleto: agente secreto. Todas ellas bastante divertidas y algunas incluso entre lo mejor del año (sí, te estoy mirando a ti, Kingsman). Por si todo esto fuera poco, en noviembre volvió a las andadas el mejor de los espías. ¿El gobierno de los Estados Unidos? No, amigos, me estoy refiriendo a James Bond.

Skyfall (2012) supuso una fusión perfecta entre todo lo que mola del nuevo Bond interpretado por Daniel Craig y todo lo que molaba del Bond más clásico, sazonada con una fotografía exquisita, un Javier Bardem desatado y un temazo de Adele de esos que es imposible no ponerse a cantar a voz en grito con cualquier excusa. Una combinación mejor que cualquier Martini con vodka (aunque sea mezclado, pero no agitado). Después de esta bonita sorpresa, los seguidores de 007 morían por conocer detalles de su siguiente aventura. No tardó mucho en salir a la luz que el director Sam Mendes iba a repetir y, entonces, la pregunta pasó a ser cómo lograría superarse esta vez. Cuando se reveló el título, a los fans de toda la vida no les quedó ninguna duda…


Aunque puede que a algunos de los fans españoles sí.

El título, que se ha mantenido inalterado en nuestro país, no se refiere a ningún ectoplasma (lo sentimos, Iker Jímenez), sino que alude a S.P.E.C.T.R.E., una organización criminal internacional a la que solía enfrentarse James Bond en las películas clásicas. Dicho nombre es un acrónimo en inglés de Special Executive for Counter-intelligence, Terrorism, Revenge and Extortion. Su líder era Ernst Stavro Blofeld, cuya icónica apariencia, que incluía calva, cicatriz en el ojo y gato blanco en el regazo, inspiraría el inolvidable personaje del Dr. Maligno de la saga Austin Powers. Esta organización, que ya aparecía en las novelas de Ian Fleming, ha sido siempre conocida en nuestro país como S.P.E.C.T.R.A. (¡la intertextualidad ataca de nuevo!). El cambio de la última letra se debe principalmente a que el significado que se ha establecido para las siglas en nuestro idioma es: «Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión y Aniquilamiento». Sin embargo, este término no se ha utilizado como título español de la película. Dejemos a un lado cualquier reticencia hacia la elección de la productora (el «daño» ya está hecho) e intentemos dilucidar por qué motivo se inclinaron por esta solución.

4 de diciembre de 2015

Soñando, soñando… titulé patinando


Nunca sé muy bien por dónde empezar, pero supongo que en esta ocasión lo más adecuado sería presentarme. Me llamo Yeray García y soy (o, mejor dicho, intento ser) traductor audiovisual y literario. Me gradué en Traducción e Interpretación en la Universidad de Alicante el pasado junio y actualmente curso a distancia el Máster en Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Como se puede intuir, me pirran el cine y las series de televisión. Y me ha dado por crearme un blog sobre traducción audiovisual. Un traductor con un blog. No suena demasiado original.

Pasemos de puntillas por la cruda realidad de que todo está inventado e intentemos consolarnos pensando que todo se puede hacer de forma diferente. Aquí pretendo hablar sobre traducción de una manera distendida y amena, centrándome en películas y, conociéndome, también en series. Tampoco es mi objetivo que solo pueda ser leído por especialistas en la materia (con la esperanza de que haya alguien más ahí fuera al que le interese el tema), así que intentaré no pasarme con la terminología y que todo sea comprensible. Al final, esto solo es una excusa para hablar de cine y traducción por parte de un tío al que le apasionan ambas materias. Si, además, durante el proceso aprendemos y nos divertimos, podré decir eso de «me encanta que los planes salgan bien». Y, como no se puede aprender a andar sin dar un primer paso, vamos a entrar en materia.

Tratándose de un blog sobre traducción audiovisual, hay un tema que será mejor que nos quitemos de encima cuanto antes: la (a veces disparatada) traducción de los títulos de las películas. Tranquilos, intentaré innovar, prometo no empezar a listar todas las entregas de la saga [Verbo de la 1ª conjugación en imperativo] como puedas, ni sacar a relucir que Soñando, soñando… triunfé patinando en inglés se titulaba simplemente Ice Princess (2005).

El caso es que esos títulos que suenan tan absurdos y alejados del original pueden resultar aceptables en alguna ocasión. Cuando se anunció que la película Hot Fuzz (2007), cuyo título describe de manera coloquial a sus protagonistas como, digamos, «superpolis», sería conocida como Arma fatal en España, les llovieron críticas por todas partes. Puede que no estemos ante una decisión tan desacertada. Recoge ese espíritu de parodia/homenaje al cine de acción que posee el largometraje y es tan deliberadamente cutre como el original. Teniendo en cuenta que Policías polis ya estaba cogido, no es un título tan malo. Por cierto, si no la habéis visto, ya estáis tardando en echarle un ojo (y a toda la obra de su director, Edgar Wright).


Antes de proseguir, es un buen momento para aclarar que, en contra de lo que cree gran parte de la población, el traductor no es el que decide los títulos definitivos. Esa labor le corresponde a la productora. Pese a que un buen traductor debe tener una amplia gama de conocimientos, es probable que entre ellos no se encuentre el dominio del arte del marketing. Ciertos títulos pueden resultar más atractivos para el espectador que otros. La distribuidora no deja de ser un cliente, así que el traductor no puede hacer más que acatar sus exigencias, con la expectativa de que estén argumentadas de una manera convincente. Ya sabéis, el cliente siempre tiene la razón. Y si no, el dinero.