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29 de enero de 2021

Bruja Escarlata, Visión y otras chicas del montón

 

Aunque hay cierta sensación de temor en el ambiente respecto a que 2020 quizás solo fuera un tráiler de 2021, hay que admitir que el año nuevo nos ha traído alguna cosa positiva. Los amantes de la ficción superheroica hemos tenido la suerte de que, tras más de un año de sequía desde el estreno de Spider-Man: Lejos de casa en junio de 2019, el Universo Cinematográfico Marvel ha vuelto a ponerse en marcha (sí, también ha pasado nosequé de unas vacunas, pero aquí nos centramos en lo importante). De hecho, algunos podrían llegar a argumentar que la denominación habitual para referirse a este popular cosmos audiovisual basado en la obra de Stan Lee se ha quedado corta, porque ha vuelto a nuestras vidas cambiando de medio.

Para dolor de nuestro corazón cinéfilo, parece que las salas están condenadas a pasar una buena temporada vacías (o, desde luego, menos llenas que antes, que para los grandes estudios viene a ser lo mismo). Cada productora está intentando buscarse la vida como puede: estrenos simultáneos en cines y plataformas, ventas de derechos de exhibición a Netflix, retrasos de fechas hasta el infinito y más allá… Disney ha decidido sacar la artillería pesada y potenciar Disney+ al máximo. Durante los próximos meses, llegarán a la plataforma numerosas series exclusivas de sus marcas más potentes, como Pixar, Star Wars y, claro está, Marvel Studios. En este hilo de Twitter os resumí las claves de su pormenorizado plan para dominar el mundo del entretenimiento, pero el dato más relevante para el tema que nos ocupa es que Marvel se va a atrever con nada más y nada menos que once series. Personajes secundarios de las películas y otros nuevos que conoceremos por primera vez protagonizarán sus propias aventuras en formato doméstico, que estarán interrelacionadas con los futuros estrenos de la compañía en la gran pantalla. Los fans estamos como un alcalde en un centro de salud, queremos que nos pinchen todo lo que tengan en vena.

9 de junio de 2020

Les belles fidèles


Me gustaría poder afirmar que en Luces, cámara, ¡traducción! hemos pasado de fase, pero aquí nunca conocimos nada parecido a la normalidad, así que tampoco esperéis demasiados cambios.

Aunque lo cierto es que el confinamiento ha tenido sus cosas buenas (¡cero sesenta!). Durante estos días más caseros que la gaseosa, nuestro flamante entrevistado Mario Pérez ha organizado y moderado Las quedadas de ATRAE, una serie de mesas redondas sobre traducción audiovisual retransmitidas por YouTube para las que ha contado con la participación de algunos de los profesionales más importantes del sector. Eso sí, también se le han colado personas de dudosa reputación, porque el abajo firmante aparece en el episodio 2, dedicado a la intertextualidad. Pude balbucear a gusto sobre mi tema fetiche junto a profesionales mucho más diestros en la materia. Tanto le cogí el gusto que volví a ser youtuber (pero con estudios) unas semanas después, esta vez cumpliendo la función de moderador y estrenando un nuevo formato de ATRAE, Café y batallitas, en el que tuve la suerte de poder entrevistar a Quico Rovira-Beleta y Javier Pérez Alarcón. Si tenéis dos horas libres, os esperan encuentros con directores míticos en el baño, recomendaciones cinematográficas muy curiosas y mi colección de gafas de broma. Y sí, aún nos quedó tiempo para hacer todavía más alusiones a la intertextualidad.

De hecho, viendo que todavía nos quedan varios párrafos de entrada antes de llegar al punto final, podríamos seguir hablando un rato de esta propiedad textual que tiene lugar cuando una obra hace referencias a otras obras que el traductor debe respetar. ¿Cómo? ¿Que os están esperando en otro sitio? Pero si no me habíais dicho nada y parecía que teníais un rato libre para leer… ¿Estáis seguros? No, no os vayáis, por favor. Os prometo que va a valer la pena. Y no me miréis así, ¿vale? Soy plenamente consciente de que no es un tema demasiado novedoso en este blog, pero, yo qué sé, intentaremos enfocarlo desde otra perspectiva para que no os sintáis estafados porque siempre hablo de lo mismo. En serio, os acabará resultando curioso y todo. Además, mi abogado me ha asegurado que, si lo formulo así, no estoy obligado a cumplir con nada de lo que he dicho. Todos ganamos. ¿Veis? Estaba seguro de que al final os iba a convencer para que siguierais leyendo. Vale, ahora sí que estamos listos. Ejem…


24 de enero de 2020

¿Quién detecta a los detectives? Entrevista con Mario Pérez, traductor de «Watchmen» y «Puñales por la espalda»



Como decíamos ayer…

2019 fue un gran año para el audiovisual: se estrenaron películas sobresalientes, se propagaron las plataformas repletas de buenas series y, sobre todo, no publiqué ninguna entrada nueva en el blog. No tengo perdón de Alan Moore, es verdad, pero fueron doce meses muy movidos de traducciones, charlas y objetivos cumplidos, aunque eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Lo importante hoy es volver por todo lo alto. Vais a disfrutar tanto de la sorpresa que os tengo preparada que os parecerá que estos meses de ausencia nunca han sucedido. Ejem.

A lo largo de 2019, hubo dos doblajes que me llamaron poderosamente la atención por su calidad y por su capacidad de salir airosos de un desafío tan costoso como formar gobierno en España (dejando a la gente más contenta, además). Por un lado, el de Watchmen, la serie que se ha atrevido a continuar el que muchos consideran el mejor cómic de todos los tiempos sin cortarse a la hora de referenciarlo o replicar su calidad literaria. Por otro, el de Puñales por la espalda (2019), el juguetón largometraje en el que Rian Johnson coge el género de las películas de detectives y lo sofistica hasta crear una sátira que retrata la América de Trump de una forma tremendamente divertida. Estos dos proyectos tan dispares tienen algo en común: su traductor.


Mario Pérez ha firmado la traducción para doblaje de películas como Nación salvaje (2018) o The Upside (2017) y series como Barry, Euphoria, She-Ra y las princesas del poder o Sex Education. Como ya habréis podido apreciar (y si no, podéis comprobarlo en su ficha en eldoblaje.com), últimamente lleva una muy buena racha de proyectos interesantes en los que ha podido demostrar todo lo que vale. Cuando tuve la suerte de conocerlo en la ceremonia de los VII Premios ATRAE, me enfureció descubrir que, por si fuera poco, además es muy majo en persona. Tanto como para concederme una extensa e interesantísima entrevista sobre estas dos obras que tan loco me volvieron el año pasado. Podéis leerla a continuación.

12 de septiembre de 2018

«La fiesta de las salchichas», un banquete de juegos de palabras

No habrá paz para los malditos, pero tampoco vacaciones de verano para los traductores. Las polémicas no tienen apartamento en Torrevieja y nos han estado haciendo compañía durante todos estos días calurosos para ayudarnos a sobrellevar la soledad de quedarnos en casa en agosto. La más notoria ha sido sin ninguna duda la relacionada con uno de los últimos adelantos de Ralph rompe Internet (2018), que ha hecho honor a su nombre. Aunque no ha sido Ralph el que ha incendiado las redes (¡chupito!), sino el fuerte acento escocés de Mérida, la princesa de Brave (2012), una de las cintas más infravaloradas de Pixar. ¿Cómo se replicaría esta peculiar característica en el doblaje español? Todo el mundo (tuitero) tenía una solución y pocos estuvieron de acuerdo con la que nos dieron (que, por otra parte, era la esperable). En fin, Scheherezade Surià os lo explica de forma mucho más detallada en su blog. También ha levantado cierta polvareda digital la decisión publicitaria de titular el último film de Rodrigo Cortés, Down a Dark Hall (2018), como Blackwood en nuestro país. ¿Cambiar un título en inglés por… un título en inglés? Pues el propio director ha enumerado las razones que llevaron a hacerlo en su cuenta de Twitter. Pista: Blackwood es un nombre propio, correspondiente a la academia en la que estudian las protagonistas. Vamos, que ha estado la cosa movidita. Solo nos faltaba que James Rhodes hubiera descubierto el doblaje y tuiteado algo al respecto… Con semejante panorama, lo más recomendable es tomarse cualquiera de estas situaciones con humor. Y precisamente de humor vamos a hablar hoy. 

Que la comedia sea considerada con rotundidad por algunos teóricos como un género intraducible ya deja entrever (de manera nada sutil) lo complicado de su traslación a otros idiomas. Gran parte de la culpa de este fenómeno emana de los juegos de palabras, uno de los elementos más característicos de los textos cómicos. Por si acaso el único juego de palabras que conoces es el Scrabble, vamos a aclarar un poco el concepto. Aparte de ejemplos de humor físico y cultural, en una comedia también podemos encontrar chistes de carácter lingüístico que juegan con los diferentes significados que puede tener una palabra. Esto puede suponer un reto de proporciones épicas para el traductor cuando la polisemia de los términos originales no se repita en su idioma de trabajo. Como siempre, vamos a analizar las distintas soluciones a las que se recurre para salvar este escollo partiendo de una película que está plagada de juegos de palabras y que, como es habitual en este blog, tiene un doblaje realmente ejemplar (nunca mejor dicho).

28 de junio de 2018

Ant-Man y el spanglish



¿Sabéis lo bueno de estar obsesionado con los superhéroes y tener un blog sobre traducción? Que siempre hay algo de lo que hablar. (Y si no lo hubiera, nos lo inventaríamos, que esto es internet). Me apuesto toda mi colección de diccionarios de Enrique Alcaraz a que solo comentar alguna de las últimas polémicas traductológicas relacionadas con el género ya me daría para una entrada entera. ¿Lo intento?

No os voy a mentir, centrarme en el doblaje de Deadpool 2 (2018) es muy tentador. Seguro que atraería a muchos lectores. La primera parte, estrenada en 2016 y con traducción de Darryl Clark y ajuste de Rafael Calvo, fue todo un éxito en este aspecto, llegando incluso a ser finalista en la categoría «Mejor traducción y adaptación para doblaje de película estrenada en cine» en los V Premios ATRAE. La secuela, que cuenta con un nuevo traductor, Pablo Fernández Moriano, sigue manteniendo el nivel y clavando la traslación de los chistes y el registro coloquial. Asimismo, se nota un especial cuidado en conseguir que las referencias al tebeo también funcionen en nuestro idioma y ya sabéis que eso me hace estar más contento que Ryan Reynolds ahora que todos hemos olvidado Linterna Verde (2011). Por desgracia, solo han hecho falta dos decisiones de traducción para eclipsar todas estas virtudes en muchos de los comentarios sobre el doblaje de la cinta: una mención a Enrique Bunbury y la inclusión de una muletilla de Belén Esteban («Yo por mi hija, mato»), que, a priori, desentonan un poco en una comedia cuyo humor se basa en referencias a la cultura americana. Cuando le pregunté por el asunto en Twitter, Pablo se tomó la molestia de redactar un hilo explicando cómo se llegó a estas adaptaciones (la primera fue elección suya, pero la segunda vino del cliente). También podéis oírle hablando de la peli en el programa Gente Despierta de RNE. Se demuestra una vez más que las circunstancias que pueden acabar afectando la obra de un traductor son muy diversas y que una parte muy importante de su trabajo consistirá en ser capaz de justificar de una manera razonable cada una de las estrategias que escoge. Tanta polvareda se ha levantado que hasta la «princesa del pueblo» (espero que solo del suyo) se ha hecho eco de la polémica en Twitter. Parece que los traductores no son los únicos a los que los equipos de marketing les dicen qué hacer…

Aun así, le tengo demasiado cariño a mis diccionarios especializados como para jugármelo todo a esa carta. Es un tema con tirón, sí, pero no deja de ser anecdótico y ya ha sido tratado en numerosos medios. No sé si da para una entrada como Stan Lee manda. ¿No hay alguna otra peli de justicieros encapuchados que se estrene pronto cuyo título en español haya dado que hablar en los mentideros cibernéticos? Eso siempre luce bien en un blog de traducción audiovisual. Ah, ya lo tengo…

8 de abril de 2018

Traduciendo a Dory


No sé si el Joker ha vertido veneno en las redes sociales además de en la presa de Gotham City, pero los comentarios de algunos usuarios parecen llenos de dicha sustancia. Está científicamente comprobado que surfear la Red es una de esas actividades que no puedes llevar a cabo durante mucho rato sin acabar poniéndote de mala leche, como conducir o ver un programa de Salvados. Y, en el fondo, todos somos culpables de ello en mayor o menor medida.

Admitámoslo: nos va el salseo. El funcionamiento actual de las redes sociales nos obliga a tener siempre a mano una opinión formada sobre todas las cosas y criticar da mucho más juego que alabar. Estamos tan asentados en esta dinámica que la reproducimos casi sin darnos cuenta en cualquier ámbito. Y sí, aquí es donde empezamos a hablar de traducción.

A principios de año Pablo Muñoz (@pmstrad), un nombre que os debería sonar si estáis interesados en esto de la traducción, publicó un vídeo inspirado por un tuit de Antonio Sirera (@astranslates), que os empezará a sonar dentro de muy poco si no lo ha hecho ya. Ambos se mostraban contrarios a la aparente necesidad de criticar malas traducciones presente en numerosos trabajos académicos centrados en esta disciplina. Malas traducciones que pueden venir originadas por factores externos, no lo olvidemos. En su opinión, no estaría de más recalcar de vez en cuando que ahí fuera también hay toneladas de buenas traducciones de las que hay mucho que aprender.

Leerles me hizo reflexionar y darme cuenta de que en este blog yo (el burro delante) he caído en ese error en numerosas ocasiones. Las equivalencias erróneas, los fallos de documentación o, para ser más claros, las salidas de tiesto dan más juego a la hora de divulgar sobre traducción audiovisual y son mucho más vistosas que las decisiones acertadas, pero no deberían eclipsarlas. Por este motivo, se me ha ocurrido que no estaría mal dedicarle una entrada entera a una buena traducción para compensar. Sin más excusa que celebrar el trabajo bien hecho.

La traducción elegida ha sido la correspondiente al doblaje de Buscando a Dory (2016), secuela algo tardía de Buscando a Nemo (2003) que solo puede ser criticada por ir sobre seguro repitiendo el esquema de la original, pero ¿de verdad hay alguien al que le parezca mal que exista una película a mayor gloria de Dory? Creía que no se podía vivir sin corazón. Volviendo al tema que nos ocupa, su adaptación al español tuvo como traductora a Lucía Rodríguez (con la que, por cierto, tuve la suerte de hablar hace unas entradas) y como ajustador a José Luis Ángulo. Os voy a dar tres razones por las que me enamoré de su trabajo. Solo tres pequeños detalles en una peli de ciento tres minutos. Y no vais a necesitar nada más para entender a la perfección por qué me moló tanto.

3 de marzo de 2018

Cariño, he redoblado a los niños


La curiosidad es uno de los rasgos definitorios del gremio de los traductores. No seremos gatos, pero nos mata la necesidad de aprender lo que no conocemos. Para este oficio, al igual que para ser cuñado, es indispensable «saber de todo». No resulta extraño tener que documentarse sobre ramas del saber que crecen en árboles de los que nunca habías oído hablar. Por esta razón, en el blog he intentado alternar desde el principio entradas centradas en los entresijos de la traducción audiovisual con otras publicaciones más ligeras recogiendo curiosidades sobre el mundo del doblaje o el séptimo arte en general. Hoy toca una de estas últimas, así que id avisando a vuestro gato de Schrödinger espiritual, que se va a sentir más vivo que nunca. 

Qué buenos son los actores extranjeros, ¿verdad? Es una afirmación un tanto arriesgada, lo admito. A oídos de un auditor externo podría parecer que en nuestro país nos basamos únicamente en la procedencia geográfica para determinar la calidad cinematográfica. Nada más lejos de la realidad. Pero no nos desviemos del tema. Qué buenos son los actores extranjeros. Sobre todo, los angloparlantes. Saben hacer de todo. Lo mismo te interpretan una tragedia de Shakespeare que una comedia de Adam Sandler (aunque, ahora que lo pienso, vienen a ser lo mismo). Igual te bailan un charlestón que te cantan un bolero o se juegan la vida en espectaculares escenas de acción. Y todo les sale bien. Hasta saben doblar.

Sí, lo has leído bien.

Y no, no me refiero solo a las películas de dibujos, aunque admito que las clavan (igual influye que se suela diseñar y animar a los personajes a partir de su actuación). Aparte de poniendo voz a animales antropomórficos, los actores extranjeros también son muy buenos doblándose a sí mismos. Me atrevo a realizar semejante afirmación porque, aun a riesgo de que a algún purista le pueda dar un chungo cuando se entere, es una práctica habitual que «redoblen» parte de su trabajo en la versión original. ¿Cómo te quedas?

11 de diciembre de 2017

«Zootrópolis», una animalada de traducción. Entrevista con Lucía Rodríguez


Si eres de esos que piensan que las películas de dibujos animados «son solo para críos», me da que esta entrada no va a ser para ti.

Zootrópolis (2016) fue una sorpresa muy agradable. Lo que podía parecer otro proyecto más de Disney que pasaría sin pena ni gloria por las salas de cine resultó ser uno de los mejores largometrajes (tanto animados como en imagen real) de aquel año. El guion no solo acierta por completo en el tono, los personajes y el humor, sino que también incluye un sorprendente comentario social sobre temas de tanta actualidad como la discriminación racial, el machismo o el acoso que, probablemente, solo los más mayores podrán apreciar. Uno de esos extraños casos en el que todas las piezas encajan y acaban creando un éxito tanto a nivel de público como de crítica. Y, sin duda, todo un reto para los responsables de su traducción a nuestro idioma. De hecho, Lucía Rodríguez Corral, su traductora, y Lorenzo Beteta, su ajustador, acaban de recibir el premio ATRAE a «Mejor traducción y adaptación para doblaje de película estrenada en cine» en la quinta edición de dicho certamen. La excusa perfecta para dedicarle una entrada a este peliculón.

Lo cierto es que el guion de este largometraje podría pasar perfectamente por un catálogo de la gran variedad de dificultades a las que llega a enfrentarse un traductor audiovisual. Para empezar, se desarrolla en un mundo imaginario habitado por animales antropomórficos. Para adaptarlo al español, no queda otra que ejercitar la creatividad y, como ya hemos comentado en alguna ocasión, acuñar equivalentes en nuestro idioma para términos inventados para la ocasión en la versión original. En el doblaje nos encontramos con lugares como el Distrito Tundra, la Plaza Sahara o el Distrito Selva Tropical u objetos como los guantes de trompa y los patapolos (pawsicles en el original). Y también con mi equivalencia preferida, la Dirección Animal de Tráfico (Department of Mammal Vehicles). Un nombre mucho más sincero para este organismo que el que tiene en nuestra realidad. 

Además, como es de esperar, abundan los juegos de palabras. Solo hay que echarle un vistazo al nombre completo de algunos de los personajes. Entre la fauna que habita esta ciudad encontramos a la teniente de alcalde Ovina (Bellwether), el alcalde Leónidas Lionheart (Leodore Lionheart), el señor Nutrialson (Otterton) o el delincuente de poca monta Comadríguez (Weaselton). ¿A que es fácil adivinar de qué especie es cada uno?

14 de octubre de 2017

Guardianes de la intertextualidad


Allá vamos. Otra vez. De nuevo.

Supongo que nos podemos ahorrar el párrafo con las inevitables (y enésimas) disculpas por la errática cadencia de publicación del blog e ir directamente al turrón, ¿verdad? A ver si, aprovechando el empujón de la vuelta al cole, consigo producir nuevas entradas con una mayor regularidad y nos leemos más a menudo, que tengo preparadas un par de sorpresas muy interesantes. Como siempre, me preocupa mucho más la calidad que la cantidad, pero intentaremos que la balanza se equilibre un poco. Gracias por seguir ahí, de todos modos. A ver qué nos depara esta «tercera temporada».

Vaya, pues al final no nos lo hemos ahorrado.

Lo que sí voy a intentar evitar, más que nada porque me parece que quedaría muy pedante, es decir que estos meses de ausencia he estado trabajando en varios proyectos relacionados con la divulgación traductológica que espero que vean la luz pronto. Lo último que quiero es que el lector piense que he incluido unas ciento ochenta y cuatro palabras de relleno antes de ponerme en serio con el tema de la entrada.

Para ir volviéndole a coger el tranquillo a esto de escribir sobre traducción audiovisual, he pensado que lo más sencillo sería volver a centrarme en mi tema fetiche: los superhéroes. (Sí, hoy voy a lo fácil. Volved a leer la primera línea). Creo que sería interesante hacer un pequeño repaso al doblaje de los últimos productos audiovisuales de este género que han llegado a nuestro país y detenernos en ciertos detalles curiosos, a ver si nos hemos perdido algo reseñable. Aunque al inicio del nuevo curso hay que aparentar cierta sensación de novedad, los lectores habituales ya pueden imaginarse que no tardaré en saltar a la piscina de la intertextualidad. Y es que todavía aprieta el calor…

30 de abril de 2017

El retorno de los últimos Jedi

Hace poco tiempo, en una galaxia muy, muy cercana….

En mi cabeza, esa frase parecía una manera ingeniosa de empezar la entrada, pero lo cierto es que resulta algo complicado resumir todo lo que ha sucedido recientemente en mi planeta para introducir este «Episodio XIV» del blog. Los últimos meses han sido bastante moviditos a este lado de la galaxia traductora y no me veo capaz de sintetizarlos usando tres escuetos párrafos flotantes al principio de la película.

A principios de marzo, tuve la suerte de poder colaborar como voluntario en las VIII Jornadas de Doblaje y Subtitulación de la Universidad de Alicante. En este enlace, podéis echarle un ojo a las grabaciones de las ponencias, que contaron con lo más granado de la disciplina y no tuvieron ningún desperdicio. No puedo dejar de agradecerle a la organización que me dejara aportar mi granito de arena y, sobre todo, que trabajaran tan duro para conseguir que el evento tuviera semejante nivel. Además, a mediados de ese mismo mes, se publicó el primer libro que me han dejado traducir, Thomas Quick: cómo se hace un asesino en serie. Aquí tenéis más información sobre este estremecedor informe alrededor de un caso real que bien podría ser considerado el Making a Murderer sueco. También nos hemos pasado varias semanas inmersos en una huelga de actores de doblaje que ha provocado que todo lo relacionado con ciertas series nos suene mal y parece que se avecina otra de guionistas americanos que puede llegar a afectar al sector de la traducción audiovisual a largo plazo. No obstante, un suceso transcendental ha eclipsado a todos estos eventos: ¡tenemos nuevo tráiler de Star Wars!

Hace unos días, el esperadísimo teaser de Star Wars: Los últimos Jedi (2017) se estrenó en la cada vez más relevante convención de fans de la saga en Orlando. Dos minutos y doce segundos que, como todo buen teaser que se precie, no resuelven demasiados interrogantes, pero que, aparte de para hacernos desear que llegue ya el mes de diciembre, nos sirven de excusa para comentar un par de asuntos sobre la traducción de esta saga galáctica que tan locos nos vuelve a todos.

28 de febrero de 2017

No me llames Moana, llámame Lola

Las luces vuelven a encenderse, la cámara vuelve a rodar y la traducción vuelve a importar en el único blog que anuncia su vuelta en octubre y no publica una entrada nueva hasta el último día de febrero. No es por excusarme, pero dicen que el tiempo es relativo, ¿no? Y, si alguien sabe de relatividad, esos son los traductores.

Al contrario que en las matemáticas, en traducción es muy difícil que dos más dos sume cuatro. A no ser que se trate de un cuatro muy bien argumentado, claro. Un mismo problema puede tener cientos de soluciones válidas, y aquí lo que importa es saber explicar de una forma convincente por qué te has decidido por una de ellas. Y, claro, ya os podéis imaginar que esto da pie al debate (un pie de, por lo menos, Pau Gasol). De hecho, hoy vamos a hablar de uno de los aspectos más discutidos dentro de esta disciplina: la traducción de los nombres propios. Prometo que, por una vez, esto no es una excusa tonta para volver a hablar de superhéroes. Es una excusa tonta para hablar de Disney.

Por alguna razón que desconozco, se ha extendido entre nosotros la idea de que los nombres propios no se traducen. En realidad, hasta el mismísimo Iker Jiménez tendría problemas para defender esta leyenda urbana. Como ya hemos anunciado, todo dependerá del caso. Pese a que la mayoría de ellos no presentan ningún significado, algunos sí que ofrecen connotaciones que sería ideal conservar en la transferencia a otro idioma. No es lo mismo llamarse «Harry» que «The Dude» o «The Big Lebowski». Es probable que haya que meter mano en aquellos nombres que contengan cierta carga semántica e indiquen alguna información sobre su dueño.


30 de octubre de 2016

Dóblate tú mismo

¿Conocéis esa sensación tan española de querer que el verano no se acabe nunca? ¿Ese deseo irrefrenable de alargar las vacaciones hasta el infinito y más allá? ¿Esos intentos desesperados de aplazar sine die la vuelta a la rutina típicos de septiembre? Si habéis contestado afirmativamente, os felicito. Eso significa que no sois autónomos. Y que puede que lleguéis a entender por qué se ha retrasado tanto la publicación de esta nueva entrada del blog. Se me ha ido un poco la mano con el paréntesis vacacional, qué le vamos a hacer. Gracias por seguir ahí.

Tranquilos, durante estos meses de ausencia no he dejado de lado mi obsesión por la traducción audiovisual. De hecho, el pasado 27 de septiembre participé en las IV Jornadas del Día del Traductor (TradUA) de la Universidad de Alicante con mi charla Un gran poder conlleva una gran intertextualidad. Abajo os adjunto una fotografía, porque yo tampoco me lo acabo de creer. Como ya os podéis imaginar, me centré uno de mis temas favoritos (y sobre el que ya os he dado la vara un par de veces): la traducción del cine de superhéroes. Las diferencias de traducción entre cómics y películas me sirvieron para explicar por qué la intertextualidad es una propiedad textual tan importante para el traductor audiovisual. Todo aderezado con buen humor y ejemplos sorprendentes. No sé, yo creo que pasamos un rato majo. A ver si podemos repetirlo alguna vez. Por si fuera poco, en el último programa del podcast especializado en cómics 2 Frikis y 1 Murciano me dejaron hablar un ratito sobre todo esto a partir del minuto 01:59:00. Y parecían interesados y todo. Aquí podéis escucharlo.

Sí, acabo de dedicar un párrafo entero a excusarme por no haberme puesto a escribir entradas nuevas antes (y a hacerme algo de autobombo)… pero reconoced que la excusa era buena. Ahora que puedo ver en vuestros ojos que ya me habéis perdonado, es el momento de volver a la normalidad después de estos minutos publicitarios y dar el pistoletazo de salida a la «segunda temporada» del blog. Nos ponemos en marcha descubriendo un aspecto algo curioso del mundo del doblaje antes de volver a nuestros fueros traductológicos en próximas entregas.


Hasta los que somos partidarios de la existencia del doblaje debemos admitir que uno de los argumentos más certeros en su contra es que, por mucho que se esfuerce el encargado de doblar al personaje en español, siempre estaremos condenados a perdernos una parte de la interpretación del actor original: su voz. Afortunadamente, el cine es la industria de los sueños y el único objetivo de Hollywood es convertir nuestros deseos en realidad (o dinero). Bienvenidos al apasionante mundo de las versiones multilingües que mantienen a los mismos actores (léase con un marcado acento británico).

24 de abril de 2016

Camarero, hay un famoso en mi doblaje

Escuchar una voz conocida puede resultar tranquilizador en según qué ocasiones. Cuando estás solo en un lugar desconocido, cuando te encuentras alejado de tus seres queridos o, sobre todo, cuando estás viendo una película doblada. Al menos, eso parece que creen las productoras. Cada vez es más frecuente que en los doblajes colaboren famosos que no tienen demasiada experiencia en este campo. Especialmente, en las películas de animación. ¿Cómo y por qué se originó esta moda? ¿Cualquier personaje popular puede convertirse en actor de doblaje por obra y gracia del marketing? Y, lo que más nos interesa, ¿su presencia puede llegar a afectar a la traducción de una película? Hagamos un repaso por algunos de los «doblajes VIP» que han llegado a nuestras pantallas e intentemos encontrar respuesta a estos interrogantes. Si no lo logramos, al menos nos habremos codeado con las estrellas durante un rato. Igual hasta conseguimos algún autógrafo y todo.

Empecemos por el principio. Como os podéis imaginar, esto no nos lo inventamos nosotros. En EE. UU. también es habitual que el elenco de voces de las cintas animadas esté compuesto por actores famosos, aunque el proceso es bastante diferente, porque allí habitualmente graban sus líneas antes de que la película esté completa y la animación de los personajes se basa en su actuación. El caso es que no siempre ha sido así, antes eran profesionales del doblaje los que realizaban esta tarea. Sin embargo, el trabajo de Robin Williams como el Genio de Aladdin (1992) marcó un antes y un después. Aquello fue una unión perfecta entre actor y personaje. El Genio acabó convirtiéndose en el elemento más popular de la película. Desde entonces, se empezó a potenciar la inclusión de actores célebres en este tipo de proyectos hasta convertirse en algo habitual.

En Dreamworks Animation son unos auténticos especialistas en la materia. No hay ni una sola de sus producciones en las que no haya al menos media docena de famosos en los papeles principales. Esto supone una ventaja clara a la hora de promocionar sus productos y a los actores no les conlleva mucho esfuerzo, así que todo el mundo gana. Solo hace falta echar un vistazo a las fichas de tres de sus películas al azar en eldoblaje.com para darnos cuenta de que las versiones españolas no se quedan atrás. Comprobemos, por ejemplo, quien se encargó de doblar aquí El espantatiburones (2004), Madagascar (2005) o Vecinos invasores (2006). Aparecen ante nuestros ojos listas interminables de famosos de todo tipo. Algunos nombres ya ni siquiera nos suenan, porque gozaban de una alta popularidad en el momento del estreno y ya han caído en el olvido. Otros ni siquiera son actores. Muy pocos habían participado en doblajes previamente. 

Recordemos que en la versión original los papeles están hechos a la medida del intérprete y suelen basarse en su actuación y su voz. Por tanto, habrá que tener especial cuidado a la hora de buscar la voz española y no inclinarse simplemente por el famoso de moda. Hay que admitir que a veces se da en el clavo y se consigue encontrar a un rostro popular que encaja a la perfección con el personaje. Me vienen a la cabeza los casos de Josema Yuste como el ya mencionado Genio (muy a la altura de Williams), José Mota como el Asno de la saga Shrek o Anabel Alonso como Dory en Buscando a Nemo (2003), cuyas voces siempre se asociarán a estos personajes en nuestro idioma.